About Me

Emociones positivas y cáncer: efectos en la salud



En la actualidad, está aumentando el interés por el funcionamiento psicológico positivo durante la experiencia del cáncer y su relación. Algunos estudios sugieren que el impacto de la experiencia del cáncer puede promover un funcionamiento psicológico positivo caracterizado por una alta frecuencia de emociones positivas y un crecimiento personal postraumático (Casellas et al., 2016).


 

Las emociones positivas en general pueden tener efectos positivos pero también sería posible que emociones como el afecto positivo, la esperanza, el optimismo u otras similares puedan ejercer un efecto perverso, por ejemplo: un paciente hiper optimista podría ignorar o no informar de todos los síntomas que padece, no seguir las pautas de tratamiento o incurrir en conductas de salud o de afrontamiento inadecuadas amparado en determinadas creencias irracionales de invulnerabilidad fomentadas por un alto nivel de emociones positivas como optimismo y alegría.



En este post encontrarás:


  1. El efecto de las emociones positivas sobre la salud 
  2. Las emociones positivas influyen en la aparición y recuperación de enfermedades como el cáncer
  3. El diagnóstico del cáncer: impacto y consecuencias emocionales
  4. Bienestar, salud y cáncer
  5. Efectos de las emociones positivas en el cáncer
  6. ¿Las emociones positivas promueven la supervivencia al cáncer?
  7. Las interacciones sociales previenen y promueven la recuperación de enfermedades
  8. Conclusiones: La influencia del afecto positivo en las enfermedades


Cómo citar este artículo?

A. R. (2020). Emociones positivas y cáncer: efectos en la salud. Psicología Clínica. https://informacionpsicologiaclinica.blogspot.com/2020/11/las-emociones-positivas-y-sus-efectos.html



El efecto de las emociones positivas sobre la salud



Teniendo en cuenta que la salud es algo más que la ausencia de enfermedad y que las emociones positivas son más que la ausencia de emociones negativas, es posible que las emociones positivas sean útiles para prevenir enfermedades, reducir la intensidad y duración de estas y para permitir alcanzar elevados niveles de bienestar. 


Entonces, ¿Puede ser el proceso del cáncer mediado por las actitudes o emociones positivas? Podría ser que, valorando las emociones negativas, el pensamiento negativo, el pesimismo o el estrés puedan crear las condiciones necesarias para que las células del cuerpo se trastornen y promuevan el desarrollo del cáncer. Si damos por cierta la afirmación, deberíamos considerar que las emociones positivas pueden ejercer una influencia en el sentido opuesto. 


Las investigaciones sugieren que fomentar las emociones positivas podría potenciar la salud al mismo nivel que otras actividades como la actividad física, la buena alimentación o dejar de fumar (Jiménez et al., 2007). Otras defienden que las emociones o actitudes positivas podrían detener o amortiguar el avance del cáncer. Un ejemplo lo encontramos en el libro de Louise Hays


You can heal your life” (Usted puede sanar su vida, 2007) en el que afirmaba haberse curado de un cáncer vaginal aplicando técnicas de pensamiento positivo. Encontrar pruebas a favor o en contra de esta suposición es objetivo de esta revisión y de la investigación actual sobre la relación entre el cáncer y las emociones.


 

Las emociones positivas influyen en la aparición y recuperación de enfermedades como el cáncer


En el aumento en el interés y estudio de las emociones positivas y su relación con la salud durante las dos últimas décadas se ha empezado a considerar que los estados positivos psicológicos no sólo forman parte integral de la salud sino que pueden tener influencia sobre la aparición de enfermedades, problemas físicos y sus procesos de recuperación. 


Considerando las enfermedades, especialmente el cáncer, como situaciones potencialmente estresantes e incluso amenazantes para la propia existencia se estudia cómo los factores psicológicos positivos (sentimiento positivo de uno mismo, sentimiento de control personal, visión optimista del futuro, bienestar y otros) pueden suponer un factor de protección que permita al individuo desarrollar recursos psicológicos, sociales, comunitarios y personales que le permitan afrontar la adversidad o enfermedad de forma más adaptativa. 


Dada la naturaleza amenazante del diagnóstico de un cáncer son muy recomendadas las intervenciones psicológicas encaminadas a ayudar al paciente a tolerar mejor el diagnóstico y el tratamiento para así mejorar sus estrategias de afrontamiento y reducir el malestar y las emociones negativas resultantes (Fernández et al., 2003).



cáncer y emociones positivas


 

Estudios e investigaciones: cáncer y emociones positivas


Ya desde años anteriores, los grupos de apoyo entre pacientes de cáncer han sido objeto de estudio. Fueron el psiquiatra David Spiegel y sus colegas quienes hicieron una primera aproximación al publicar un extenso estudio sobre la supervivencia del cáncer de mama entre aquellos pacientes que participaban en un grupo de apoyo. 


Así, encontraron que aquellas mujeres que participaban en un grupo de apoyo vivían casi el doble que aquellas mujeres que no formaban parte de un grupo: 36,6 meses frente a 18,9 meses. (Spiegel, Bloom & Gottheil, 1989). Sin embargo, son pocos los estudios que han intentado replicar dichos hallazgos a lo largo de las décadas. 


El grupo investigador de Gustafson, de la Universidad de Wisconsin, estudió el efecto de la expresión de emociones positivas en grupos de soporte online en pacientes de cáncer de mama siguiendo el modelo teórico de Bárbara Fredrickson. 


Los resultados sugirieron que aquellas pacientes que presentaban más emociones negativas se beneficiaban psicológicamente mucho más del efecto de las emociones positivas que aquellas que no presentaban emociones negativas (Gustafson et al., 2008). 


Es por ello que las emociones positivas son objeto de interés en el estudio del cáncer ya que pueden tener un efecto sobre la salud que solvente los efectos de las emociones negativas generando un impacto psicobiológico diferente que amortigüe el efecto del estrés.



¿Las emociones negativas empeoran las enfermedades?

 

Aunque los datos puedan parecer esperanzadores, existe mucha base científica que hace justamente referencia a lo contrario. En otras investigaciones sobre mujeres que sobrevivieron al cáncer de pecho (Stewart et al. 2007), al cáncer de ovarios (Stewart et al., 2001) y al cáncer endometrial y cervical (Costanzo et al., 2005) entre un 42% y un 63% de las participantes afirmaron tener la firme convicción de que su cáncer lo había causado el estrés y entre un 60% y 94% creían que lo habían superado gracias a mantener actitudes positivas. 


En el sentido opuesto se desarrollaron meta- análisis sobre estos estudios que contradijeron la creencia popular del vínculo entre la superación del cáncer y las actitudes o emociones positivas (Butow et al., 2000). Esto fue reafirmado por otros científicos (Beyerstein et al., 2007) quienes no encontraron ninguna asociación entre los estados emocionales o actitudes positivas y la supervivencia al cáncer. 


Por ejemplo, en la investigación de James Coyne (Coyne et al., 2007b) siguieron la pista durante 9 años a 1093 pacientes con cáncer de cabeza y cuello y encontraron que las pacientes que mantenían actitudes desesperanzadoras respecto a su enfermedad y afirmaban no tener motivación por luchar no tenían una probabilidad menor de vivir más tiempo que las pacientes que manifestaron actitudes más positivas, además, hallaron que las pacientes más optimistas no vivían más tiempo que aquellas más fatalistas. 


Otra investigación que aporta información al respecto es el estudio diseñado por el grupo investigador de Kelly-Anne Phillips (Kelly-Anne et al., 1999) quienes hicieron un seguimiento de ocho años a un grupo de pacientes mujeres recién diagnosticadas de cáncer de pecho y descubrieron que las emociones y actitudes negativas de las personas no tenían relación con su esperanza de vida.


Esta diversidad de datos acumulados apuntan que las intervenciones psicológicas y en concreto los grupos de apoyo, pueden mejorar la calidad de vida de los pacientes pero no prolongarla. (Coyne et al., 2007). Además, los efectos positivos de las terapias de grupo radican sobretodo en la obtención de apoyo social y están especialmente indicadas para aquellos pacientes con bajo apoyo (Amigo, 2017).



El diagnóstico del cáncer: impacto y consecuencias emocionales


El contexto traumático de un cáncer ha hecho emerger la necesidad de ayuda psicológica profesional para facilitar el proceso de adaptación, empezando por la comunicación efectiva de la enfermedad, programas para reducir el malestar físico causado por el tratamiento médico y farmacológico, y programas dirigidos al paciente y a sus familiares para manejar los datos emocionales que provoca la enfermedad y por último, programas orientados a la prevención del cáncer (Vinceti et al., 2018). 


Sobre el primer punto, es importante tener en cuenta que existen diversidad en el grado que el paciente quiere ser informado sobre la patología. Hay casos que piden una información detallada sobre el tratamiento y otros que no desean recibir ningún tipo de información. Nuestra tarea es orientar al personal médico en cómo comunicar la información mediante una entrevista según el grado de deseo expresado por el paciente. 


La comunicación del diagnóstico tendrá un efecto más o menos positivo en función del qué, cómo y cuándo se comunique dicha información (Cruzado y Olivares, 1996).


Es incuestionable que un diagnóstico de cáncer genera en la persona un impacto emocional, es por eso que la calidad de vida del paciente oncológico es un tema central e indispensable en la intervención. 



Problemas psicológicos en el paciente con cáncer


Cuando nos fijamos en los efectos negativos de la enfermedad y del tratamiento tres de los problemas más comunes en los pacientes oncológicos son: la depresión (20-29%), la fatiga (75-100%) y el dolor (50%). Para la depresión en este contexto, se han desarrollado intervenciones eficaces basadas en el entrenamiento en resolución de problemas (Nezu et al., 2008) o en técnicas de desactivación como la respiración abdominal, el entrenamiento en relajación muscular progresiva y las autoinstrucciones (Jacobsen et al., 2002). 


La fatiga, entendida como una sensación permanente de cansancio, se considera el factor que más afecta a la vida cotidiana del paciente. Programas de actividad física y caminar junto técnicas cognitivas conductuales han demostrado ser intervenciones psicosociales eficaces (Kangas, Bovbjerg y Montgomery, 2008). Por último, las intervenciones psicológicas cognitivo-conductuales para la gestión del dolor han mostrado un tamaño del efecto moderado (d=0,36, p < 0,05) (Devine, 2003).


A finales del siglo XX, se desarrollaron programas basados en técnicas de desensibilización y habilidades sociales para la prevención del cáncer. Este programa de prevención primaria para población indicada (personalidad tipo 1 predispuesta al cáncer) mostró que aquellos pacientes sometidos al programa tenían un riesgo mucho menor de morir a causa del cáncer en comparación al grupo control. 


Concretamente, sólo dos de cincuenta personas sometidos al programa murieron debido a algún tipo de cáncer frente a 23 de cincuenta en el grupo control (Eysenck y Grossarth- Maticek, 1991). Aunque como bien se ha comentado en anteriores apartados, los datos no han sido replicados y muchos estudios no han encontrado una asociación significativa entre el patrón característico de personalidad asociado al cáncer.



Emociones positivas, inmunidad y técnicas psicológicas


Algunos autores han diseñados distintas técnicas psicológicas cuyo objetivo busca el fortalecimiento de la inmunidad del paciente. Este es el ejemplo de los trabajos de los doctores Simonton, quienes diseñaron una terapia de visualización a pacientes con cánceres avanzados. 


La terapia incluía además del entrenamiento en relajación, la visualización de imágenes. Concretamente se pedía a los pacientes que se imaginaran células cancerosas vulnerables y glóbulos blancos disfrazados de caballeros capaces de destruir y expulsar dichas células del organismo y la visión del propio paciente recuperándose de la enfermedad (Simonton, Simonton y Creighton, 1978). 


Los datos encontraron un aumento en la esperanza de vida de los pacientes oncológicos: tres años frente al año y medio esperable para el cáncer de mama, un año frente a los seis meses del cáncer de pulmón y de dos años frente a los nueves meses para el cáncer de colon. 


En este apartado se pueden relacionar conceptos con nuestro trabajo actual, porque es probable que el uso de la imaginación tuviera un efecto en diversas emociones positivas del paciente como la tranquilidad, esperanza y alegría. 


Sin embargo, cabe ser cauteloso con los datos debido a las grandes limitaciones del estudio. En primer lugar, los participantes son autoseleccionados, además no hay presencia de un grupo control que pueda contrarrestar dichos efectos. Es por esto que puede ser que la terapia de visualización tenga un efecto placebo para personas dispuestas a luchar contra la enfermedad (Amigo, 2017).

 

El bienestar promueve la salud física


Como bien hemos comentado en el marco teórico, el bienestar, asociado a satisfacción psicológica, puede ejercer una influencia importante en la salud física. Varias dimensiones del bienestar como el afecto positivo o la satisfacción con la vida parecen predecir resultados positivos en relación a la salud y a diversas enfermedades. 



Las vías de acción del bienestar sobre la salud física pueden ser múltiples. Parece tener una relación directa con algunos parámetros físicos protectores como la capacidad inmunitaria y afectar por otras vías aumentando las conductas saludables, el buen afrontamiento de los problemas de salud o siendo amortiguador del estrés.


Es probable que el bienestar ejerza influencia sobre la salud mediante mecanismos de regulación afectiva a medio y largo plazo a través de la búsqueda de conductas supervivenciales y de ajuste a  las demandas del medio, como por ejemplo, dar sentido a la experiencia, buscar los aspectos positivos a aquello que nos ocurre y realizar ajustes a los planes vitales del individuo. 


Esta influencia y efectos consecuentes se cree que pueden promover la reducción de las consecuencias psicológicas negativas de padecer una enfermedad como el cáncer como podrían ser el aislamiento, la ansiedad, la depresión o las ideas suicidas.


Según Carver y Antoni (2004), buscar beneficios a la amenazante situación de padecer un cáncer podría ser un buen predictor de ajuste psicológico, conllevando menos depresión entre cuatro y siete años después del diagnóstico.


 

emociones positivas y cáncer



La relación entre el bienestar y el cáncer


La relación directa entre el bienestarel cáncer ha sido menos estudiada pero, teniendo en cuenta los estudios realizados y los efectos encontrados sobre la protección sobre la salud, consideramos que las conclusiones encontradas podrían ser extrapolables al estudio del bienestar como factor protector sobre la salud y por ello, sobre el cáncer. 


Es por ello que el estudio, la medida y promoción del bienestar pueden resultar un objetivo deseable desde un punto de vista social, humano, político y económico, resaltando la importancia de atender el estado emocional desde los profesionales de la salud.


Una tendencia al optimismo puede ejercer influencia en la salud de los individuos a través de los comportamientos que las personas ejercen ante los problemas vitales en general y de salud particularmente. 


Estos comportamientos pueden impedir la cronificación del estrés y la complicación de problemas físicos y psicológicos, siendo el optimismo muy relevante ya que puede favorecer el afrontamiento activo del estrés y de los problemas de salud, siendo relacionado con conductas de solución de problemas, autocuidado y planes de recuperación.


Los programas terapéuticos de grupos de apoyo han sido objeto de estudio para la expresión de emociones positivas para la promoción de los beneficios psicológicos.


En un estudio (Stanton et al., 2002) se investigó la relación entre emoción expresada y el beneficio encontrado en pacientes mujeres con cáncer de mama a nivel físico a lo largo de tres meses. Todas las condiciones consistían en una tarea de escritura en la que los participantes tenían que escribir sobre (1) sus pensamientos y sentimientos más profundos en relación al cáncer (condición emoción expresada), (2) pensamientos y sentimientos positivos en relación al cáncer (condición búsqueda de beneficio), y por último (3) acontecimientos en relación al cáncer y el tratamiento (condición control). 


Los resultados encontraron que aquellas pacientes tanto de la condición emoción expresada como la condición búsqueda de beneficio obtuvieron una menor puntuación en los síntomas físicos relacionados con el tratamiento y además acudieron a un menor número de visitas médicas en comparación al grupo control.


Los resultados encontraron que aquellas pacientes tanto de la condición emoción expresada como la condición búsqueda de beneficio obtuvieron una menor puntuación en los síntomas físicos relacionados con el tratamiento y además acudieron a un menor número de visitas médicas en comparación al grupo control.


En conclusión, es difícil determinar que el hecho de mantener una actitud positiva o experimentar determinadas emociones positivas durante el padecimiento de la enfermedad pueda hacer remitir un cáncer ya que la remisión de este no significa que haya sido la actitud la que la ha provocado. 


Las investigaciones pueden llegar a contradecirse ya que establecer relaciones causales es una tarea  muy compleja y quizás sería más conveniente hablar de relaciones casuales. 


 

Efectos de las emociones positivas en el cáncer

 

Enfermedades graves como el cáncer son experiencias adversas con un alto impacto psicológico en los pacientes que lo padecen ya que ser diagnosticado de una enfermedad potencialmente mortal puede interferir en los planes vitales del individuo, dando lugar a una percepción del cáncer como una enfermedad altamente disruptiva (Kangas et al., 2005). 


El cáncer: un problema de salud pública

Actualmente se considera un problema sanitario de primer orden debido a su elevada gravedad y mortalidad y al aumento sustancial en la incidencia y frecuencia de su diagnóstico. Según los datos recogidos por la Sociedad Española de Oncología Médica en 2017, en España (2015) se detectaron 247.771 nuevos casos de cáncer siendo los más frecuentes el de colon, el de próstata, el de pulmón, el de mama y el de vejiga. 


Según las estadísticas los tumores fueron la causa de muerte más frecuente en hombres en España  por delante de enfermedades cardiovasculares y respiratorias y la segunda en mujeres, determinando en 2015 que una de cada tres muertes en hombres y una de cada cinco en mujeres fueron debidas a tumores malignos.


 El cáncer como experiencia traumática requerirá la adaptación del individuo


Se puede entender el concepto de cáncer como un suceso potencialmente traumático al suponer una amenaza para la vida que generará emociones potentes y naturales como ira, rabia, esperanza, tristeza, incomprensión, negación, culpa o miedo a la muerte. 


Es considerado como  una enfermedad crónica que supondrá una demanda exigente para el individuo que requerirá la adaptación psicológica para hacer frente a las situaciones estresantes que conlleven el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la enfermedad. 


Su diagnóstico supondrá un cambio vital para el paciente quién deberá hallar la forma de enfrentarse a él, modulando y re-estructurando sus recursos, relaciones y estrategias de afrontamiento.

 


Estudio de la relación entre las emociones positivas y el cáncer

 

En el caso específico del cáncer, las vías de investigación se centran en tres aspectos. 

 

En primer lugar, es interesante conocer el papel causal que el afecto positivo y negativo puedan ejercer en el proceso de inicio, mantenimiento y recuperación de la proliferación celular incontrolada propia del cáncer. 


En segundo lugar, conocer el papel central que puedan ejercer las emociones positivas sobre el cáncer mediando las estrategias de afrontamiento, los estilos de respuesta y los factores de personalidad.  

 

En tercer lugar, considerando que la propia enfermedad y el conocimiento de padecerla enfrenta a la persona a una situación donde la idea de muerte y finitud de la vida están presentes, este enfrentamiento singular puede despertar aprendizajes y emociones en el individuo que no siempre son negativos, sino que pueden llegar a ser positivos y beneficiosos (Vázquez y Castilla, 2007).



 


Las emociones positivas influyen en la salud y en la recuperación de enfermedades 


La idea que considera que las emociones positivas pueden afectar a nuestra salud física y a nuestra capacidad de recuperación ante una enfermedad es cada vez más aceptada y estudiada. 


Las investigaciones señalan que el cáncer se encuentra asociado a variables psicosociales en las cuales el proceso emocional actúa como mediador de las asociaciones. 


Es probable que el estrés y otros estados emocionales negativos tengan un efecto sobre el sistema inmune, incrementando la probabilidad de aparición o mantenimiento de enfermedades e infecciones e incluso de algunos tipos de cáncer más relacionados con el sistema endocrino o con mecanismos infecciosos. 



La personalidad y su relación con el cáncer



Fueron Morris y Greer (1980) y posteriormente Temoshok (1987) quienes señalaron la importancia de la personalidad como factor mediador en la aparición del cáncer. 


Estos autores describieron la personalidad Tipo C caracterizada por un estilo de afrontamiento en el que el paciente es poco expresivo emocionalmente ante situaciones de estrés y presenta tendencia a no expresar las emociones negativas, entre otras características. 


La personalidad tipo C es propia de personas con un bloqueo en la expresión emocional que pueden presentar una tristeza enmascarada y crónica, influyendo negativamente a nivel inmunológico, hormonal y consecuentemente en el padecimiento de una enfermedad como el cáncer. Sin embargo, hubo bastante controversia al respecto y diversos autores desmitificaron dicha afirmación. 


Existe la idea popular de la existencia de una posible personalidad proclive al cáncer constituida por rasgos de personalidad cómo la inseguridad, la timidez o la evitación de conflictos que presuntamente predispondrían al cáncer. Esta idea fue desmitificada por investigaciones posteriores como la de Beyerstein et al. en 2007. Los autores realizaron una investigación controlada y lograron desacreditar la idea mencionada al no encontrar ninguna asociación entre la personalidad de los participantes y la probabilidad de padecer cáncer, concluyendo que las actitudes desarrolladas a partir de esos rasgos de personalidad no eran culpables del desarrollo de la enfermedad.

 

¿Las emociones positivas promueven la supervivencia al cáncer?


Centrándonos en las emociones positivas, se estudia si el afecto positivo está asociado con la supervivencia en pacientes con cáncer


El estudio de Levy y sus colegas en 1988 mostró que las mujeres con cáncer de mama que obtenían mayores puntuaciones en la variable de disfrutar "joy" tenían una mayor probabilidad de sobrevivir al cabo de 7 años. 


En cuanto al optimismo, diversos estudios (Carver et al., 1993; Jordan et al., 1999) han constatado que las pacientes optimistas presentaban un mejor ajuste psicológico después de recibir el diagnóstico de cáncer de mama, mostrando una  mayor tendencia a, después de la cirugía de mama, presentar tácticas de afrontamiento más activas y dirigidas al problema. 


Además, el optimismo inicial fue un buen predictor de la calidad de vida años más tarde en pacientes con cáncer y también es buen predictor del apoyo social percibido, facilitando un mejor ajuste y afrontamiento de sucesos vitales estresantes y dañinos. 



El optimismo como emoción protectora para enfermedades


Parece ser que el organismo de las personas optimistas genera respuestas inmunocompetentes mejores que las de los pesimistas ante el estrés. 

Estas son medidas mediante una mayor actividad de las células asesinas, una menor presencia de células supresoras T8 y un mayor número de células T colaboradoras, dotando al sistema inmunitario de los optimistas con una mejor respuesta, beneficiosa en el padecimiento de enfermedades (Vázquez y Castilla, 2007).

 

La resiliencia es un factor de protección ante el cáncer


En la investigación de Izydorczyk y sus colegas (2018) se analiza la resiliencia como factor mediador entre las emociones positivas y negativas, y como factor protector para la imagen corporal en 120 mujeres con cáncer de mama sometidas a cirugía de mastectomía. 


Definen la resiliencia como la predisposición del individuo a responder a los requisitos cambiantes de una situación de forma flexible, cuestión de importancia en el afrontamiento del cáncer. Ambos términos: resiliencia y optimismo, hacen referencia a la actitud que toma el individuo frente su vida. 


La experiencia del cáncer puede suponer un estado de deprivación de emociones básicas como el sentido de seguridad y la mastectomía resultar un evento traumático productor de estrés y trastornos mentales. 


Los autores concluyen que la resiliencia es un factor de protección importante para la imagen corporal de estas mujeres, protegiéndolas de el desarrollo de emociones negativas excesivas y una baja autoestima. Por ello recomiendan asistencia psicológica regular y sistemática durante todo el tratamiento. 


Parece claro que padecer un cáncer disminuye aspectos como la calidad de vida o el afecto positivo. Las investigaciones indican que el afecto positivo en pacientes que padecen la enfermedad puede encontrarse disminuido, sobretodo en fases iniciales, pero casi nunca está ausente (Vázquez y Castilla, 2007).

 



Las interacciones sociales previenen y promueven la recuperación de enfermedades


Por último, el resultado de algunas investigaciones demuestran la importancia de preservar el apoyo social y garantizar su calidad e intensidad óptimas ante una situación amenazante como el  diagnóstico de un cáncer



Se ha demostrado que el apoyo social concreto recibido por parte de parejas afectivas puede tener un efecto amortiguador del estrés. Se considera que el apoyo social y familiar puede ser un factor de relevancia promoviendo el funcionamiento psicológico positivo de dos formas: amortiguando los efectos negativos del estrés especialmente durante las fases iniciales del cáncer e incrementando las emociones positivas experimentadas (Salovey et al., 2000; Cohen et al., 2004; Kangas et al., 2005). 



Esto proporciona indicaciones a los profesionales de la salud y la oncología sobre cómo afrontar el cáncer de mama. 



En las fases iniciales los profesionales deberían ayudar a los pacientes a darse cuenta de su capacidad y de la importancia y los beneficios de experimentar emociones positivas durante el proceso de enfermedad. 



En fases posteriores la facilitación del funcionamiento psicológico positivo podría centrarse en dar sentido personal y social a la experiencia, haciendo más probable la búsqueda de significado y la obtención de beneficios de la experiencia y promoviendo el ajuste y adaptación durante y después del tratamiento.

 

Conclusiones: la influencia del afecto positivo en las enfermedades


Sin embargo, cuando nos fijamos en la otra cara de la moneda, hay estudios que no han hallado resultados significativos en relación con el cáncer y las emociones positivas, hasta algunos han encontrado que mayores tasas de afecto positivo están asociadas a una disminución de la supervivencia. 


El afecto positivo probablemente puede tener efectos beneficiosos para determinadas enfermedades y procesos no muy agresivos pero podría ser perjudicial para otros como el melanoma, letales a corto plazo. Es posible que un marcado desequilibrio entre ambos tipos de emociones (positivas vs negativas) pueda ser un factor de importancia en la influencia sobre la salud (Carver et al., 2005).


Incluso desconociendo el papel exacto que tienen las emociones positivas en el cáncer no cabe duda que la actitud, el afecto y las emociones positivas facilitan el hecho de sobrellevarlo. El hecho de restringir y adoptar el rol de víctima puede agravar las cargas físicas y emocionales del paciente. 


Por otro lado, tener un tratamiento psicológico de calidad favorece para no solamente aliviar los síntomas físicos de la patología, sino también, a poder conectar con uno mismo, buscar el sentido o propósito de la vida y dar opción de dar solución a los conflictos no resueltos. 


Mediante una actitud positiva frente la enfermedad, además de favorecer un estado psicológico óptimo para el paciente, también ayuda a calmar las preocupaciones y malestar de las personas significativas.

 

Teniendo en cuenta que la salud es algo más que la ausencia de enfermedad y que las emociones positivas son más que la ausencia de emociones negativas, es posible que las emociones positivas sean útiles para prevenir enfermedades, reducir la intensidad y duración de estas y para permitir alcanzar elevados niveles de bienestar. 



¿Puede ser el proceso del cáncer mediado por las actitudes o emociones positivas? 



Podría ser que, valorando las emociones negativas, el pensamiento negativo, el pesimismo o el estrés puedan crear las condiciones necesarias para que las células del cuerpo se trastornen y promuevan el desarrollo del cáncer. Si damos por cierta la afirmación, deberíamos considerar que las emociones positivas pueden ejercer una influencia en el sentido opuesto. 


Las personas con cáncer pueden encontrar efectos beneficiosos en actitudes y emociones positivas para aliviar sus cargas emocionales y físicas, conectando con sus familiares y amigos o encontrando un sentido y propósito vital a la hora de padecer la enfermedad. 


Aunque estas puedan ser favorables a la hora de sobrellevar un cáncer, determinar relaciones directas o efectos significativos en su curación o recuperación es una conclusión precipitada en el momento actual que todavía deberá ser más investigada.


Podemos considerar que las emociones positivas favorecen el funcionamiento personal y protegen al individuo del malestar y otros trastornos psicológicos que están en estrecha relación con el cáncer pero todavía es pronto para realizar afirmaciones contundentes al respecto. 


Nos sorprende negativamente que la mayoría de autores critiquen cuán poco estudiadas han sido las emociones positivas en relación con enfermedades como el cáncer desde hace años y que, en la actualidad, todavía sea una ardua tarea encontrar estudios o investigaciones que se hayan centrado en el tema y hayan logrado encontrar variables mediadoras o efectos significativos.


 



 

Referencias bibliográficas:

 

Amigo, V., I. (2017). Cáncer. En Amigo, V., I. (3a ed.), Manual de Psicología de la Salud,

(195-208). Madrid, España: Ediciones Pirámide.

 

Beyerstein, B. L., Sampson, W. I., Stojanovic, Z., Handel, J. (2007) Can mind conquer cancer? In: S. D. Sala (Ed.). Tall tales about the mind and brain: separating fact from fiction. Oxford: Oxford University Press.

 

Boulton, M.J., Smith, P.K. (1992) The social nature of play fighting and play chasing: Mechanisms and strategies underlying cooperation and compromise. Oxford University Press, 429-444.

Bradley, S., Rose, S., Lutgendorf, S., Costanzo, E., Anderson, B. (2006). Quality of life and mental health in cervical endometrial cancer survivors. Gynecologic Oncology, 100 (3), 479- 486. doi: 10.1016/j.ygyno.2005.08.023.

Bryan, T., Bryan, J. (1991). Positive mood and math performance. Journal of Learning Disabilities, 24, 490-494. doi: 10.1177/002221949102400808.

 

Bryan, T., Mathur, S., Sullivan, K. (1996) The impact of positive mood on learning. Learning Disabilities Quarterly, 19, 153-162. doi:10.2307/1511058.

 

Bryan, T., Sullivan-Burstein, K., & Mathur, S. (1998). The Influence of Affect on Social- Information Processing. Journal of Learning Disabilities, 31(5), 418–426. doi:10.1177/002221949803100501.

 

Butow, P. N., Coates, A. S., Dunn, S. M. (2000). Psychosocial predictors of survival: metastatic breast cancer. Annals of Oncology, 11, 469-474. doi:10.1023/A:1008396330433.

 

Carver, C.S., Antoni, M.H. (2004). Finding benefic in breast cancer during the year after diagnosis predicts better adjustment 4 to 8 Years after diagnosis. Health Psychology, 23(6), 595-598. doi: 10.1037/0278-6133.23.6.595.

 

Carver, C.S., Pozo, C., Harris, S.D., Noriega, V., Shecier, M., Robinson, D. (1993). How coping mediates the effect of optimism on distress: A study of women with early stage breast cancer. Personality and Social Psychology Bulletin, 65, 375-390. doi:10.1037/0022- 3514.65.2.375

 

Casellas, A., Vives, J., Font, A., Ochoa, C. (2016). Positive psychological functioning in breast cancer: An integrative review. The Breast, 27, 136-168. doi:10.1016/j.breast.2016.04.001

 

Cheung, E. O., Cohn, M. A., Dunn, L. B., Melisko, M. E., Morgan, S., Penedo, F. J., Salsman, J. M., Shumay, D. M., Moskowitz, J. T. (2016). A randomized pilot trial of a positive affect skill intervention (lessons in linking affect and coping) for women with metastatic breast cancer. Psycho-Oncology, 1-8. doi: 10.1002/pon.4312.


Cohen, S. (2004). Social relationships and health. American Psychological Journal, 59, 676- 684. doi:10.1037/0003-066X.59.8.676.

 

Cohen, S., Alper, C. M., Doyle, W. J., Treanor, J. J., Turner, R. B. (2006). Positive emotional style predicts resistance to illness after experimental exposure to rhinovirus or Influenza A virus. Psychosomatic Medicine, 68, 809–815. doi:10.1097/01.psy.0000245867.92364.3c

 

Coyne, J. C., Stefanek M., Palmer, S. C. (2007). Psychotherapy and survival in cancer: the conflict between hope and evidence. Psychological Bulletin, 133 (3), 367-394. doi: 10.1037/0033-2909.133.3.367

 

Cruzado, J. A., Olivares, M. E. (1996). Intervención psicológica en pacientes con cáncer. En Buceta, J.M. y Bueno, A.M. Tratamiento psicológico de hábitos y enfermedades. Madrid. Pirámide.

 

Devine, E. C. (2003). Meta-analysis of the effect of psychoeducational interventions on pain in adults with cancer. Oncology Nursing Forum, 30 (1), 75-89. 

 

Einon, D. F., Morgan, M. J., Kibbler, C. C. (1978). Brief periods of socialization and later behavior in the rat. Developmental Psychobiology, 11 (3), 213-225. doi:10.1002/dev.420110305

 

Epping-Jordan, J. E., Compas, B.E., Osowiecki, D.M., Oppedisano, G., Gerhardt, C., Primo,

K.  (1999).  Psychological  adjustment  in  breast  cancer:  Processes  of  emotional distress.

Health Psychology, 18, 315-326. doi:10.1037/0278-6133.18.4.315

 

Eysenck, H. J., Grossarth-Maticek, R. (1991). Personality, stress, smoking, and genetic predisposition as synergistic risk factors for cancer and coronary heart disease. Integrative Psysiological and Behavioral Science, 26 (4), 309-322.

 

Fernández, J., Bárez, M., Blasco, T. (2003). La inducción de sensación de control como elemento fundamental de la eficacia de las terapias psicológicas en pacientes de cáncer. Anales de Psicología, 19, 235–246.ISSN: 0212-9728.

 

Fredrickson, B. (1998). What good are positive emotions?. Review of General Psychology, 2(3), 300-319. doi:10.1037/1089-2680.2.3.300.

 

Gustafson, D. H., McTavish, F., Pingree, S., Hawkins, R. P., Shaw, B. R., Yeob Han J. (2008). Expressing positive emotions within online support groups by women with breast cancer. Journal of Health Psychology, 13(8), 1002–1007. doi:10.1177/1359105308097963.

 

Hay, L. (2007). Usted puede sanar su vida, Madrid, España: Boocks4pocket crecimiento y salud.

 

Izydorczyk, B., Kwapniewska, A., Lizinczyk, S., Sitnik-Warchulska, K. (2018). Psychological resilience as a protective factor for the body image in post-mastectomy women with breast cancer. International Journal of Environmental Research and Public Health, 15, 1-16. doi: 10.3390/ijerph15061181.


Jacobsen, P. B., Meade, C. D., Stein, K. D., Chirikos, T. N, Small, B. J., Ruckdeschel, J. C. (2002). Efficacy and costs of two forms of stress management training for cancer patients undergoing chemotherapy. J Clin Oncol, 15;20 (12), 2851-2862. 

 

Jiménez, V., Luisa, M. (2006). Emociones positivas. Papeles del Psicólogo, 27(1), 9-17. doi:0214-7823.

 

Kangas, M., Bovbjerg, D., Montgomery, G. (2008). Cancer-related fatigue: a systematic and meta-analytic review non-pharmacological therapies for cancer patients. Psycho Bull, 134 (5), 700-741. doi: 10.1037/a0012825.

 

Kangas, M., Henry, J. L., Bryant, R.A. (2005). Predictors of posttraumatic stress disorder following cancer. Health Psychology, 24, 579-585. doi:10.1037/0278-6133.24.6.579.

 

Kelly-Anne, M. B., Gordon, M. S., Knight, J. (1999). Putting the Risk of Breast Cancer in Perspective. The New England Journal of Medicine, 340, 141-144. doi:10.1056/NEJM199901143400211.

 

Kubzansky, L. D., Sparrow, D., Vokonas, P., & Kawachi, I. (2001). Is the glass half empty or half full?. Psychosomatic Medicine, 63, 910-916. doi: 0033-3174/01/6306-0910.

 

Levy, B., Slade, M., Kunkel, S., Kasl, S. (2002). Longitudinal benefit of positive self- perceptions of aging on functioning health. Journal of Gerontology: Psychological Science, 57, 409-417. doi: 10.1093/geronb/57.5.P409.

 

Levy, S. M., Lee, J., Bagley, C., Lippman, M. (1988). Survival hazard analysis in first recurrent breast cancer patients: Seven-year follow-up. Psychosom Med, 50, 520-528. doi:10.1097/00006842-198809000-00008.

 

Matas, L., Arend, R.A. and Sroufe, L.A. (1978) Continuity of Adaptation in the Second Year: The Relationship between Quality of Attachment and Later Competence. Child Development, 49, 547-556. doi:10.2307/1128221.

 

Morris, T., Greer, S. (1980). A "Type C" for cancer? Low trait anxiety in the pathogenesis of breast cancer. Cancer Detection and Prevention, 3, 102.

 

Murray, M., Sujan, M., Hirt, E., Sujan. (1990). The influence of mood on categorization: A cognitive flexibility interpretation. Journal of Personality and Social Psychlogy, 59, 411-425.

 

Nezu, A., Maguth, C., Clark, M. (2008). Social Problem Solving as a Risk Factor for Depresion. Risk factors in Depresion,12, 263-286.

 

Oatley, K., Jenkins, J.M. (1996) Understanding emotions. Blackwell Publishing.


Ostir, G.V, Goodwin, J.S., Markides, K.S., Ottenbacher, K.J., Balfour, J., Guralnik, J.M. (2002). Differential effects of premorbid physical and emotional health on recovery from acute events. Journal of the American Geriatrics Society, 50(4), 713-718.

 

Peterson, C., Seligman, M. E., & Vaillant, G. E. (1988). Pessimistic explanatory style is a risk factor for physical illness: A thirty-five-year longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology, 55(1), 23-27. doi:10.1037/0022-3514.55.1.23.

 

Quinn, J. E., James, C. R., Stewart, G. E., Mulligan, J. M., White, P., Chang, G. K., Mullan,

P. B., Johnston, P. G., Wilson, R. H., Harkin, D. P. (2007). BRCA1 mRNA expression levels predict for overall survival in ovarian cancer after chemotherapy. Clinical Cancer Research, 13 (24), 7413-7420. doi: 10.1158/1078-0432.CCR-07-1083.

 

Salovey, P., Rothman, A., Detweiler, J., Steward, W. (2000). Emotional states and health.

American Psychological Journal, 55, 110-121. doi:10.1037/0003-066X.55.1.110.

 

S. Carver, C., G. Smith, R., H. Antoni, M., M. Petronis, M., Weiss, S., P. Derhagopian, R. (2005). Optimistic Personality and Psychosocial Well-Being During Treatment Preditc Psychosocial Well-Being Among Long-Term Survivors of Breast Cancer. Health Psychology, 24 (5), 508-516. doi:10.1037/0278-6133.24.5.508.

 

Siegrist, J. (2005) Social reciprocity and health: new scientific evidence and policy implications. Psychoneuroendocrinology, 30, 1033-1038.

 

Simonton, C., Matthews-Simonton, S., Creighton, J. L. (1978). Getting Well Again. Los Ángeles: Tarcher.

 

Spiegel, D., Bloom, J. R., Kraemer, H. C. & Gottheil, E. Effect of psychosocial treatment on survival of patients with metastatic breast cancer. The Lancet, 2 (8668), 888-891. doi:10.1016/S0140-6736(89)91551-1.

 

Stanton, A., Danoff-Burg, S., Sworowski, L., Collins, C., Branstetter, A., Rodríguez, A., Kirk, S., Austenfeld. (2002). Randomized, Controlled Trial of Written Emotional Expression and Benefit Finding in Breast Cancer Patients. Journal of Clinical Oncology, 20, 4160-4168.

 

Steptoe, A., Wardle, J., & Marmot, M. (2005). Positive affect and health-related neuroendocrine, cardiovascular, and inflammatory processes. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102, 6508-6512.

 

Stewart,D. E., Wong, F., Duff, S., Melancon,C. H., Cheung, A. (2002). “What Doesn't Kill You Makes You Stronger”: an Ovarian Cancer Survivor Survey. Gynecologic Oncology, 83, 537-542. doi:10.1006/gyno.2001.6437

 

Symons, D. A. (1978). Play and aggression: A study of rhesus monkeys. Columbia University Press.


Temoshok, L. (1987). Personality, coping style, emotion and cancer: towards an integrative model. Cancer Surveys, 6(3), 545-567.

 

Vázquez, C., Castilla, C. (2007). Emociones positivas y crecimiento postraumático en el cáncer de mama. Psicooncología, 4(2-3), 385-404. ISSN:1696-7240.

 

Vázquez, C., Hervás, G., Rahona, J. J., Gómez, D. (2009). Bienestar psicológico y salud: Aportaciones desde la Psicología Positiva. Armario de Psicología Clínica y de la Salud, 5, 15-28.

 

Vila, L., Font, A., Caba, L. (2016). Estado emocional en mujeres con cáncer de mama: variación experimentada después de una sesión psico-oncológica basada en el counselling y la psicología positiva. Psicooncología, 13 (2-3), 205-225. doi:10.5209/PSIC.54433.

 

Vinceti, M., Filippini, T., Del-Giovane, C., Dennert, G., Zwahlen, M., Brinkman, M., Zeegers,

M. P., Horneber, M., D'Amico, R., Crespi, C. M. (2018). Selenium for preventing cancer. Cochrane Database Systematic Review Journal, 29, 1. doi: 10.1002/14651858.CD005195.pub4.

 

Yasutake, D., Bryan, T. (1995). The influence of induced positive affect on middle school children with and without learning disabilities. Learning Disabilities Research and Practice, 10(1), 38-45.


Publicar un comentario

0 Comentarios