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¿Dar un bofetón a tu hijo, una buena opción educativa? - Psicología del castigo

    

A menudo se usa la frase “dar un bofetón a tiempo” como reproche, o como muestra de falta de educación: “si le hubieran dado un bofetón a tiempo…”, "si le hubieran dado un buen bofetón de niño...". 

El debate sobre la utilidad de dar o no dar un bofetón a un hijo como parte de la educación, genera a menudo opiniones contrarias. 


En este artículo encontrarás:


    1. La educación de nuestros hijos como proceso de aprendizaje

    2. ¿Es adecuado dar un bofetón a nuestro hijo como castigo?

    3. Consecuencias psicológicas de dar un bofetón a tu hijo

    4. Consecuencias psicológicas de agredir a un hijo

    5. ¿Cómo castigar a los hijos cuando se portan mal?

    6. ¿Qué es un castigo desde la psicología?

    7. El castigo: una opción para educar

    8. 5 Premisas psicológicas a la hora de aplicar un castigo

    9. 7 Reflexiones y recomendaciones para padres y educadores ante el conflicto y castigo de los hijos



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La educación de nuestros hijos como proceso de aprendizaje


Los niños según van pasando las diferentes etapas en su evolución hacia la edad adulta, van aprendiendo las normas que su sociedad considera adecuadas. Esto implica un proceso de aprendizaje

No se trata de un episodio puntual en el que se aprende todo de golpe y ya no se olvida. Los niños tienen una marcada tendencia a hacer especialmente lo que les resulta gratificante o apetecible, y de hecho cuando no es así suele ser indicador de algún problema

Partiendo de esta premisa en función de cada padre, de sus propias características de personalidad, como son la impaciencia, la rigidez, la ansiedad ante la evaluación que otros hacen de sus hijos… así podrá administrar un tipo de pautas u otras para educar a su hijo.

Cuando la necesidad del educador es la de enseñar rápidamente lo que está bien, y lo que no, se pierde de vista la idea de que educar es un proceso de aprendizaje

Si la vivencia del educador es interpretar que el niño realiza malas conductas de forma deliberada y planificada, que no presta atención, o que busca hacerlo mal para molestar, el estado de ánimo del padre será cada vez más negativo y los sentimientos de enfado condicionaran el tipo de reacción hacia el hijo. 

Es más frecuente desesperarse cuando el niño no pone en práctica las indicaciones y correcciones que se le han hecho anteriormente: “no se hace ruido comiendo”, “saluda cuando llegues a un sitio”, “no grites a tu hermano”, etc. 

Cuanto más enfadado esté el padre, más probable es que busque un desahogo por medio de la bofetada, el cachete, o el capón. Todas ellas expresiones para hablar del uso de las correcciones físicas, en diferentes intensidades, y que pretenden parar una conducta inadecuada del niño.

Nota: ¿Conoces la historia de piaget?


Castigo mediante agresión: ¿es adecuado dar un bofetón a nuestro hijo?


Dar un bofetón a un hijo es una agresión física.

"La única bofetada a tiempo es aquella que NO se da"


En las sociedades actuales occidentales cada vez se progresa más en la idea de que dar un bofetón a un hijo no es una conducta adecuada. Ante las costumbres de nuestros abuelos la sociedad estamos reconsiderando tales conductas y cambiándolas. 


Educar a un hijo con agresividad y violencia no es la solución. Aunque te sorprenda, por leve que sea, un bofetón es una agresión. Ejecutas una conducta "correctiva" de forma consciente y desde tu superioridad de adulto que consiste en golpear a tu hijo:

¿Qué debe aprender tu hijo de ello? 

¿Agrediendo a los demás, afrontamos de forma resolutiva las situaciones?

¿Si un padre puede pegar a tu hijo, como entenderá tu hijo que no debe agredir a otras personas?

En conclusión: por muy mal que se porte tu hijo, no hay nada que justifique que le pongas una mano encima


Consecuencias psicológicas de dar un bofetón a tu hijo


Una agresión física por parte de un padre a un hijo puede acarrear consecuencias psicológicas negativas para el desarrollo del niño

Los padres son las figuras de seguridad del niño, las primeras personas con las que se vincula afectivamente y emocionalmente. 

Tu hijo te necesita para vivir y de ti dependerá que le proporciones un ambiente que el pueda sentir como seguro, favoreciendo su desarrollo, o inseguro, perjudicándolo.

La agresión a un hijo, por leve que sea, puede suponer para el niño una ruptura de su seguridad. Uno de sus padres, una de las personas que deben cuidar de el, le ha agredido, rompiendo la estabilidad en su vinculación afectiva y en su entorno.


Como psicólogo y como padre puedo asegurarte que existen múltiples opciones más eficaces y correctivas que dar un bofetón a un hijo. Dando un bofetón a tu hijo por portarse mal o como método de corrección es muy probable que obtengas más consecuencias negativas que positivas en la educación de tu hijo. Dar un bofetón a un hijo es una estrategia educativa sin fundamento alguno que puede perjudicar la vinculación afectiva del niño con sus padres y otros familiares.


La expresión dar un bofetón a tiempo lleva implícita la suposición de que es adecuado, pero la realidad es que no siempre un bofetón es realmente a tiempo. Sería mucho más adecuado cambiar la frase un bofetón a tiempo, por regañar a tiempo.  

Como decía al inicio, son más las circunstancias en las que un bofetón no es adecuado que en las que sí lo es. Normalmente el bofetón es para alivio del malestar que siente el educador que por la necesidad real de frenar un comportamiento inadecuado del niño. Casi siempre hay una mejor alternativa para guiar y educar al niño.


Consecuencias psicológicas de agredir a un hijo:

  • Miedo hacia los progenitores
  • Desconfianza de los progenitores y figuras cercanas
  • Ansiedad: nerviosismo, inestabilidad emocional, llanto, explosiones de ira...
  • Tristeza, depresión.
  • Alteraciones del sueño y del hambre
  • Conductas evitativas hacia los padres
  • Cambios en la relación padre-hijo
  • Problemas escolares
  • Problemas de agresividad y hostilidad


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¿Cómo castigar a los hijos cuando se portan mal?


De manera coloquial hablamos de castigo cuando el niño va a recibir una consecuencia negativa si "hace algo malo" (quedarse sin recibir una consecuencia positiva, como por ejemplo chocolate o jugar a la consola). 

Normalmente la meta es que el niño deje de hacer algo, luego se busca potenciar otro comportamiento alternativo y adecuado. 

Aún así, normalmente por desconocimiento, se aplica el castigo tanto para aumentar, como para disminuir un comportamiento y no es la mejor estrategia desde una perspectiva psicológica.



Castigo en los niños, conceptos: refuerzo positivo y negativo, castigo positivo y negativo.


Llegados a este punto nos deberemos centrar en conceptos sobre aprendizaje, especialmente relevantes en la educación infantil: Refuerzo positivo y negativo, y Castigo negativo y positivo.


¿Qué es un castigo desde la psicología?


La definición de castigo a nivel coloquial no corresponde con la definición que usamos los profesionales. Definamos lo primero que es un refuerzo y que es un castigo desde el punto de vista del aprendizaje y de la psicología

Un refuerzo es toda aquella acción que realiza un padre para aumentar una determinada conducta. Tu hijo hace los deberes y le permites jugar media hora a la consola, algo positivo para él. Su conducta de hacer los deberes se verá reforzada, ya que querrá jugar de nuevo a la consola.

Por el contrario hablamos de castigo cuando el objetivo es disminuir una conducta. No has hecho los deberes, te quito la consola (haces algo negativo, te doy algo negativo). Por ello espero, que mañana, hagas los deberes y tendrás consola.


1. Refuerzo Positivo.


Llamarlo positivo no tiene nada que ver con la idea de si es bueno o malo, simplemente usamos esta denominación para describir refuerzos asociados a premio o recompensa (un reconocimiento, una caricia, un aplauso, un dinero, algo de comer, un comentario verbal positivo…) con el fin de aumentar una determinada conducta, en este caso del niño.


Probablemente es la mejor de las opciones si queremos aumentar una conducta positiva de nuestro hijo


La cuestión es que a menudo requiere un trabajo previo, una preparación para que podamos usarla de manera eficaz con el hijo.  Si queremos que el niño mejore su comportamiento cuando se baña y deje de tirar cosas, o no queremos que se enfade mucho si no puede llevarse un juguete a la ducha, entonces tendremos que centrarnos en premiar la conducta que sí queremos que haga


Podremos empezar reforzando una parte: “hoy no has salpicado, estoy super contento! ¡Hoy puedes quedarte cinco minutos más jugando, muy bien!” 

Simplemente el reconocimiento es capaz de producir un cambio enorme. Lo que pasa es que si no se define bien la conducta que se quiere potenciar, y lo que se le va a dar a cambio, lo normal es acabar usando las amenazas:  “te vas a quedar sin… si no haces…”. Es decir pasamos al refuerzo negativo.


Por ello es de vital importancia explicar a los hijos qué queremos que hagan y por qué. Si le exigimos al niño que deje de hacer algo cuando él se divierte y no se lo explicamos, no lo entenderá y lo repetirá. 

Los padres pueden hacer entender a los niños lo que les piden, por pequeños que sean. Acostúmbrate a explicarle a tu hijo el por qué de las cosas y a hablar con él para hacerle entender, observarás como mejora vuestra comunicación y sus conductas.


En el caso de la bañera deberíamos explicar a nuestro hijo "Puedes salpicar con el agua si te diviertes pero te pido que no lo hagas tan fuerte ya que sino mojamos todo el suelo, la ropa limpia y el baño y después tengo que pasarme mucho rato limpiando".

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2. Refuerzo negativo.


El refuerzo negativo también busca potenciar un comportamiento. En este caso implica que el niño por evitar algo malo puede aumentar una conducta determinada. 

Un ejemplo rápido: "si no ordenas tu habitación no saldremos al parque". Buscamos que nuestro hijo aumente la conducta de ordenar. Si el niño ordena, va al parque y se divierte, si el niño no ordena, no irá al parque, por lo que no disfrutará de esta actividad. Si el niño ordena, evita algo malo (no ir al parque).


Cuando coloquialmente hablamos de castigo, muy a menudo estamos hablando de refuerzo negativo, a veces también de castigo positivo y negativo.


Si queremos que el niño acabe rápido de comer, podemos decirle: ” o te acabas ya el filete o te quedas sin postre”. La meta es que para tener un premio tiene que hacer algo, pero al final el refuerzo negativo, plantea que algo que ya es tuyo (el postre) dejará de serlo si no realizas el comportamiento que te pido (comer el filete). 

Este tipo de planteamiento es útil y potencia lo que el padre quiere, pero a menudo se convierte más en un castigo (entendido como concepto popular, no el castigo descrito aquí desde la teoría en psicología), ya que hay una amenaza. Se pretende que si le interesa mucho el postre haga el esfuerzo que tiene que hacer para ganárselo. Tiende a generar algo más de tensión en el niño, especialmente en los que son más retadores y no se conforman fácilmente con las imposiciones de los mayores.


Aquí  podemos hablar de nuevo de la idea de dar un bofetón a tiempo. “Si no quieres recibir un bofetón, deja de hacer… (para empezar a hacer otra cosa)”. 

Se quiere favorecer que el niño deje de comportarse de una manera determinada, dar gritos por ejemplo, y lo que se pretende es que deje de hacerlo y que se quede en silencio. Se espera que por medio de un bofetón deje de hacerlo y entienda lo que sí debe hacer. 

Expresado de este modo, puede intuirse que es difícil que el niño sepa lo que se espera de él al decirle lo que no se quiere nada más (y no lo que sí). Si no le dices a tu hijo qué conducta esperas de él... ¿Cómo la va a adivinar?

Esta estrategia actuará como un castigo positivo, te lo explicamos en el siguiente apartado. Se pretende que mediante el bofetón (aplicar una consecuencia negativa) el niño deje de hacer una mala conducta. El efecto psicológico de agredir a tu hijo con un bofetón no será el esperado. El bofetón llevará asociado miedo, autoridad, falta de respeto y falta de seguridad, no resultará una medida efectiva para tu hijo, generando confusión y perjudicando vuestro vínculo afectivo.


3. Castigo positivo.


Vuelvo a insistir, castigo hace referencia a reducir conductas o comportamientos. Positivo tiene que ver con la idea de aumentar la conducta (no de si es bueno o malo). 

El castigo puede ser bueno cuando necesitamos parar un comportamiento, valorando después qué es lo que queremos potenciar aplicando refuerzos para potenciar otra conducta más adecuada.


Si un niño cuando muerde sus uñas nota un sabor amargo, esto es un castigo positivo. Recibe algo desagradable para favorecer que deje de hacerlo. En este caso, el amargor frena el comerse las uñas pero no enseña que puede hacer si no se las muerde. El bofetón también puede ser ese castigo positivo que frene un comportamiento puntual pero sus consecuencias negativas serán superiores a sus beneficios.


4. Castigo negativo.

Hablamos de castigo negativo cuando reducimos una conducta al quitar o retirar algo positivo que quiere el niño

Por ejemplo si unos niños están jugando con la pelota pero en un determinado momento se ponen a dar balonazos donde no deben, quitarles la pelota definitiva o temporalmente parará el comportamiento negativo. 

Aplicamos castigo negativo ya que estamos retirando algo positivo (la pelota y el juego con la pelota) para reducir una conducta (dar balonazos donde no deben).



El castigo: una opción para educar


En general cuando un padre habla de un castigo, se refiere a algo que ha quitado al hijo: prohibirle salir por la tarde con los amigos, no poder jugar unos dias con la videoconsola… O también algo que le ha impuesto y que aunque el hijo no quería finalmente lo ha tenido que hacer: recoger la habitación, más horas de estudio…


La finalidad de castigar es la de favorecer que el niño reaccione y haga por sí solo lo que se espera de él: portarse bien, estudiar… Sin embargo el concepto de castigo desde el punto de vista psicológico, se entiende como crear una consecuencia tras un acto, tras una conducta, con el fin de reducir una comportamiento no deseado por el educador. 

Si queremos eliminar un comportamiento estamos usando la técnica correcta, pero si lo que queremos es potenciar una conducta, normalmente fracasará. Sería mucho mejor utilizar técnicas de reforzamiento, ya que estas están pensadas precisamente para aumentar la conducta que nos interesa.


Quedarse sin algo que se tenía puede hacer que se quiera recuperar, pero también puede producir más rabia, y por tanto más oposicionismo y tozudez. En el caso concreto de los niños, algunos reaccionan mejor que otros a este modo de potenciar cambios. Los niños más sumisos suelen adaptarse modificando su conducta, si bien es verdad que de fondo lo que se le enseña es a doblegarse más, potenciando una característica que probablemente no será la mejor para su desarrollo social.


El castigo cumple a menudo una doble función, intentar controlar conductas inadecuadas de un niño, y el alivio que produce al padre imponer su criterio con la expectativa, a menudo impaciente, de que rápidamente el niño cambiará su actitud. Lo malo es que no siempre el castigo está puesto en función de cómo favorecerá el cambio, sino en función de lo justo que es que el niño haga lo que tienen que hacer.


Otra alternativa es potenciar lo contrario a lo que se quiere hacer desaparecer. Por ejemplo, si tenemos el caso de una niña que se frustra con facilidad porque todo lo quiere inmediatamente: que le respondan a lo que pregunta, que le compren lo que ve en una tienda, que le escuchen cuando quiere contar algo… Se puede castigar cada vez que se enfade por no tener lo que quiere, o se le puede premiar por cada vez que sea capaz de esperar unos pocos segundos más de lo que hasta ahora lo hacía. 

A veces basta con resaltar el esfuerzo y reconocer que se agradece un montón que lo haya hecho. La segunda opción, el refuerzo, suele producir bastantes más beneficios que la primera. Si la niña no aprende a hacer algo diferente para manejar su impaciencia, es complicado que consiga frenarse, a nos ser que sea por miedo a la reacción de los padres. De nuevo, no parece que sea una buena alternativa para educar a una niña.


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5 Premisas psicológicas a la hora de aplicar un castigo:


1. Tiene que aplicarse contingente con la conducta a extinguir.

“El castigo, cuando no es inmediato (contingente), no es castigo, es crueldad”.

Tu hijo debe entender por qué está siendo castigado y su conducta y el castigo deben estar próximos n el tiempo. 


2.  Hay que usar un refuerzo positivo para generar una conducta alternativa a la que se pretende eliminar.


Es importante explicar a nuestros hijos qué conductas esperamos de ellos antes de aplicar un castigo. Castigaremos la conducta inadecuada pero reforzaremos la conducta adecuada. 


Ejemplo: Javier, de 5 años, tira arena a una paloma en un parque. Su madre le avisa "no lo hagas o nos iremos del parque" (si sigue la conducta negativa, aplicamos un castigo positivo, aplicamos una consecuencia negativa que será irnos del parque). Este mensaje queda como una amenaza: ¿Seguro que tu hijo habrá entendido qué esperas de él?". 

Sería más correcto: "Javier, no debes tirar objetos o arena a otros animales o personas. Como tu y como yo son seres vivos que deben ser respetados. Al lanzarles arena, estás molestando su tranquilidad cuando ellos no perturban la tuya. ¿Te gustaría que te tiren arena? ¿A que no? Entonces no podemos tirar arena a los demás para no hacerles daño o no molestarles. Cuando venimos al arenero del parque puedes jugar con toda la arena dentro del arenero y puedes lanzar arena siempre que no molestes o puedas hacer daño a alguien".


3.  El castigo debe reservarse para conductas graves y muy concretas. Debemos modular la conducta de nuestros hijos principalmente mediante el refuerzo, el castigo no es una técnica que pueda ser usada a diario para la modificación conductual de nuestros hijos.

Castiga a tu hijo por conductas inadecuadas graves pero opta siempre que puedas por reforzar aquellas conductas alternativas adecuadas en vez de castigarle.


4.  El castigo no genera aprendizaje, así que no se puede utilizar como herramienta de adquisición de nuevas conductas. Como hemos mencionado anteriormente: el refuerzo positivo de las conductas adecuadas es la clave de la modificación conductual de tu hijo.


5. El estímulo que usemos como castigo, es mejor que sea sorpresivo y que no haya habituación previa. Si repetimos el mismo castigo constantemente a nuestro hijo, se habituará a su efecto negativo y perderá efecto.


7 Reflexiones y recomendaciones para padres y educadores ante el conflicto y castigo de los hijos:


1. Hay que recompensar el comportamiento positivo.


2. Hay que predicar con el ejemplo.


3. Cuidado con alarmarse en exceso,  ¿la conducta que no se desea es tan mala? ¿es peligrosa? ¿puede considerarse normal dentro del desarrollo de un niño?.


4. Hay que evitar amenazas o gritos, sus consecuencias negativas serán superiores a las positivas.


5. Debemos buscar un compromiso por parte del niño para modificar aquellas conductas inadecuadas, explicándole por qué las consideramos negativas y por qué debe dejar de hacerlas.


6. Los niños aprenden con la práctica, no inmediatamente. Educar es un proceso, tarda en completarse. Ten paciencia, sé flexible.


7. Hay que establecer límites y animar a los niños a respetarlos. Explícale a tu hijo los límites que consideras oportunos aplicar en las diferentes situaciones en las que se pueda encontrar (escuela, amigos, familiares, juego...).



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